Historia
Más de un siglo llevando el mar al interior
La historia de la familia Moreno de la Santa es un ejemplo de perseverancia y visión empresarial, que comenzó en 1914 con Augusto Moreno de la Santa, un joven de Daimiel que, con tan solo 19 años, decidió mudarse a Ciudad Real. Representante de la prestigiosa compañía PYSBE, pionera en la distribución de bacalao, Augusto se dedicó a llevar este codiciado pescado al interior de España, un mercado con una creciente demanda debido al auge del ferrocarril. Este medio de transporte no solo facilitaba la llegada de productos esenciales a precios competitivos, sino que conectaba Ciudad Real con el resto del país.
Augusto Moreno de la Santa
Con el tiempo, Augusto amplió la oferta incorporando conservas de pescado como sardinas, atún y chicharro, sentando las bases de una empresa que prosperaría a lo largo de varias generaciones. A pesar de su carácter emprendedor, siempre mantuvo su modelo de entrega directa entre fabricantes y mayoristas, evitando intermediarios y asegurando la calidad de los productos. Su dedicación y su capacidad para anticiparse a las necesidades del mercado lo consolidaron como una figura clave en el sector de la alimentación, especialmente en el ámbito de las conservas.
En 1940, nació Alfonso Moreno de la Santa, quien creció inmerso en el negocio familiar. Desde joven, mostró un interés natural por el legado de su padre, aprendiendo los secretos del sector y forjando una conexión especial con el mar y los productos que representaban su esencia. Tras el fallecimiento de Augusto en 1966, Alfonso asumió la dirección del negocio, aportando su propio estilo y adaptándolo a las exigencias de las décadas siguientes. Fue él quien diversificó la cartera de productos, incorporando conservas de fabricación artesanal y embutidos ibéricos, y consolidando relaciones comerciales con marcas prestigiosas como Cortizo.
La oficina familiar, conocida como «El Puerto», se convirtió en un reflejo de la pasión y creatividad de Alfonso. Decorada con motivos náuticos y recuerdos de fabricantes de conservas, esta oficina fue mucho más que un lugar de trabajo; era un símbolo de identidad. Su carácter afable y su ingenio también se reflejaron en iniciativas únicas, como la instalación de la estatua del Quijote en el despacho y los carteles filosóficos que adornaban las paredes.
Su hijo Alfonso (Poncho) también ha apostado por la diversificación de productos, trabajando con marcas selectas y promoviendo conservas de alta calidad y otros alimentos premium. Su enfoque estratégico y su capacidad para adaptarse a los cambios del mercado han asegurado la continuidad del negocio en un sector cada vez más competitivo.
Alfonso Moreno de la Santa (padre)
La oficina familiar, conocida como «El Puerto», se convirtió en un reflejo de la pasión y creatividad de Alfonso. Decorada con motivos náuticos y recuerdos de fabricantes de conservas, esta oficina fue mucho más que un lugar de trabajo; era un símbolo de identidad. Su carácter afable y su ingenio también se reflejaron en iniciativas únicas, como la instalación de la estatua del Quijote en el despacho y los carteles filosóficos que adornaban las paredes.
Su hijo Alfonso (Poncho) también ha apostado por la diversificación de productos, trabajando con marcas selectas y promoviendo conservas de alta calidad y otros alimentos premium. Su enfoque estratégico y su capacidad para adaptarse a los cambios del mercado han asegurado la continuidad del negocio en un sector cada vez más competitivo.
A pesar de los desafíos, la empresa demuestra que la combinación de tradición, innovación y constancia es clave para mantenerse vigente más de un siglo después de sus inicios.
Alfonso Moreno de la Santa (Poncho)
El «Puerto» de la familia Moreno de la Santa sigue siendo un espacio de trabajo y un símbolo de su legado, donde pasado, presente y futuro convergen. Con la energía de Alfonso al timón, esta empresa familiar no solo se mantiene fiel a sus raíces, sino que continúa evolucionando para garantizar que las próximas generaciones sigan llevando el sabor del mar al interior de España.
Más de cien años “dando la lata” y “cortando el bacalao” en “El Puerto”


